Blog de Marcela González

Road Trip Baja California – San Francisco parte 2.

por | Ene 31, 2019 | Aventuras, Para Widget | 0 Comentarios

Ha pasado ya un mes desde que concluyó el roadtrip y el día de hoy, aún guardo cada momento en mi memoria como si fuera ayer. Ahora me baso en mi diario que escribí durante el viaje para crear este artículo, recordando y volviendo a vivir cada uno de esos momentos mágicos por la costa del pacífico.

Día 8. La frontera

Después de ir al taller a revisar que la van estuviera lista para cruzar a los Estados Unidos, David me recogió en el café de Ensenada a las 6:00 de la tarde para dirigirnos hacia la frontera de Tijuana.

Cruzar la frontera fue todo una experiencia que jamás voy a olvidar.

Era como una fiesta, todos los locales pasaban entre los carros vendiendo miles de cosas, comida y refrescos y lo más chistoso es que hasta podían llegar a cantarte serenata en medio del tráfico de la fila para cruzar.

Nos habíamos olvidado por completo de que traíamos frutas y verduras en la van y que, lógicamente, no las podíamos cruzar.

Decidimos que la mejor solución era comernos todo lo que pudiéramos, de todas formas teníamos hambre y ya era hora de cenar.

Comimos toda la fruta que pudimos antes de llegar a la caseta de inmigración y también regalamos un poco a los vendedores, no podíamos parar de reír, después de todo comer papaya mientras manejas no es algo que haces todos los días.

Después de estar ahí una hora, cruzamos y manejamos por como una hora hasta llegar a La Joya, una de las playas más famosas de San Diego en donde pasamos la noche.

Nos quedamos en un estacionamiento junto a la playa, en el que se permitían vans y RV’s.

Día 9. La Jolla & The Blacks, San Diego

Al despertarnos, fuimos a comprar un wetsuit para mí porque el agua ya estaba helada. Me sentía feliz de poder seguir aprendiendo y mejorando en el surf, siempre había sido un sueño para mí.

Pasamos la primer mitad del día surfeando y después nos fuimos a otra playa llamada The Blacks, donde literal la arena era negra y las olas enormes.

Pasamos aquí la tarde hasta que se hizo de noche, el atardecer fue precioso y yo me la pasé tomando fotos de los surfeadores y las olas del mar.

Al terminar el día, fuimos a la tienda de outdoors R.E.I. a comprar unas cosas que necesitábamos y después, nos dirigimos a nuestro siguiente destino: Joshua Tree National Park.

Nos esperaban tres horas manejando en carretera.

Día 10. Joshua Tree National Park

Llegamos a la 1:00 de la mañana, muy cansados por el largo día que habíamos tenido, pero súper emocionados de saber que íbamos a amanecer en uno de los parques nacionales más bonitos de California, famoso por sus rocas gigantescas y sus miles de yuccas conocidas como el “árbol de Josué” (Joshua Tree).

Tuvimos una mañana tranquila, nos encontrábamos de vuelta en el desierto y justo afuera de la entrada del parque.

Manejamos menos de 10 minutos hasta llegar a la entrada Sur, por Cottonwood Spring.

El sol era intenso y el viento fuertísimo, el paisaje desértico y rocoso me sentía como si estuviera en otro planeta.

Una vez que entramos, recorrimos de sur a norte todo el parque, pasando por varios de los puntos más icónicos y característicos del lugar.

Antes de que cayera la tarde, nos paramos en el campamento White Tank, uno de los más famosos dentro del parque para acampar.

A cinco minutos caminando, se encontraba The Arch, una formación de roca única y característica que yo moría por ver.

Nos quedamos para ver cómo el cielo rojo de la tarde pintaba de colores las rocas, una mezcla de rosas, rojos y naranjas se dibujaba mientras el sol se escondía en el horizonte.

Cuando empezó a oscurecer, nos salimos por el acceso norte, habíamos cruzado todo el parque durante el día, aprovechando 100% la oportunidad de estar ahí.

Ahora, nos esperaban otras tres horas de carretera, nos dirigimos de nuevo a la costa, hacia Sta. Bárbara.

Pasamos la noche otra vez junto al mar, en una salida de la carretera.

Día 11. Hazards Canyon Reef

A las 6:00 am comenzamos a manejar, llegamos a Hazards Canyon, sabíamos que era un lugar increíble para surfear, se encuentra en el parque estatal Montaña de Oro.

Era un lugar hermoso, cruzamos una carretera que iba entre miles de árboles, pinos y muchos senderos para caminar.

Aquí, viene mucha gente a practicar diferentes deportes como el ciclismo, senderismo, trail running y surf.

Entonces nos dimos cuenta de que las condiciones para surfear aquel dí, en este lugar, no eran las mejores.

Así que decidimos seguir manejando más hacia el norte, tendríamos que salir de Hazards Canyons para buscar alguna otra zona en donde las condiciones fueran mejores.

Este día aprendí algo muy importante del surf. Entendí que “la búsqueda es parte de”.

No siempre se encuentran las mejores olas y los surfeadores pueden pasar un día entero solamente buscando, sin encontrar nada “surfeable” al final.

Por eso, cuando llega realmente el momento de poder surfear aunque sea una buena ola, la emoción, el éxtasis y la adrenalina que ésto te brinda, al final te hace darte cuenta de que el esfuerzo, la búsqueda, la paciencia y la constancia por encontrar eso que tanto anhelabas, vale la pena.

Creo que así funciona la vida misma… Cada deporte tiene lo suyo, su manera de enseñarte que cada esfuerzo que hagas por alcanzar lo que quieres en la vida, te llevará lejos.

Al caer la noche regresamos a dormir en Hazards Canyon para ver, una vez más, si al día siguiente habrían buenas condiciones para surfear.

Día 12. Cayucos Beach

No fue así, las condiciones otra vez no eran las mejores.

Entonces este día pasamos la tarde surfeando en Cayucos, una playa en la que había uno de estos clásicos puentes que hay en muchas de las bahías californianas, una bahía muy linda y con olas para principiantes como yo.

En la tarde, nos dirigimos hacia Big Sur, uno de los lugares que yo más había estado esperando durante todo el roadtrip, donde las montañas brillaban en tonos verdes intensos junto al mar.

Día 13. Big Sur

Amanecimos con una vista preciosa hacia la bahía de Sand Dollar Beach, una de las más bonitas en Big Sur.

Era el día que habíamos planeado para ir de hiking, así que comenzamos con un sendero que te llevaba a ver las Cascadas McWay.

Parecía una pintura, el agua del mar era color azul turquesa brillante y la cascada despedía una briza de agua deliciosa, mientras los árboles verdes frondosos decoraban la bahía.

Luego, fuimos a hacer el Andrew Molera Loop, un sendero de 8.8 millas junto a la costa.

Al finalizar el día, nos subimos de nuevo a la van, para continuar por la carretera hacia la bahía de Monterey.

Día 14. Monterey Bay

Amanecimos en una de las bahías más bonitas de California, la bahía de Monterey. Nos preparamos una avena deliciosa por la mañana y luego estuvimos todo el día en la playa, David se fue a surfear y yo me fui a sentar a un cafecito para leer y escribir un rato.

Día 15. Sta. Cruz

Fue un día riquísimo, mientras David surfeaba yo me fui todo el día a correr por el andador de la playa y aproveché para tomar algunas fotos y visitar un pequeño “Museo de Surf” que hay en esta zona.

El siguiente día, sería nuestro último día para disfrutar antes de dirigirnos hacia San Francisco, donde terminaría nuestro roadtrip.

Después de pasar la tarde en Sta. Cruz decidimos que queríamos ir a ver algunos redwoods antes de concluir el viaje, así que manejamos hacia Big Basin.

Llegamos ya de noche y nos estacionamos para dormir, emocionados de saber que íbamos a despertar en medio de este bosque de árboles gigantes.

Día 16. Big Basin Redwoods

Nos despertamos a las 9:00 de la mañana y a las 10:00 ya estábamos listos y desayunados para ir a recorrer los senderos entre los sequoias.

Era un bosque increíble, mientras contemplabamos aquellos enormes maestros vivientes que cuidan el bosque desde hace cientos o incluso miles de años.

Caminamos por unas tres horas en diferentes senderos y regresamos a la van a la 1:00 de la tarde, nos preparamos un desayuno/comida y nos preparamos para salir.

¡Eran nuestras últimas horas de manejada!

¡San Francisco! 222,222 millas

Manejamos durante dos horas más, internamente me iba despidiendo poco a poco de cada uno de mis días rodeada de naturaleza y montañas.

Daba gracias y me preparaba mentalmente para volver a la ciudad.

Habían pasado 16 días de aventura, de mar y montañas, de desiertos y noches estrelladas, 16 días de respirar aire limpio y hacer cada día todas las cosas que al corazón hacen tan feliz.

Llegamos entonces a la autopista que conecta con San Francisco, poco a poco íbamos viendo a lo lejos los edificios y nos íbamos adentrando lentamente en el tráfico y el ruido de la ciudad.

Justo cuando entramos a la ciudad, ¡la van completó las 222,222 millas recorridas! Estábamos muy emocionados de ver ese numerito dibujado en el odómetro.

Me sentía nerviosa, de pronto, ahora todo tenía que ser rápido, había muchas señalizaciones en las calles, había tránsitos y gente desesperada en sus carros, o al menos eso parecía.

Por mi parte, debía trabajar por mantener la calma. Mi mente y mi espíritu aún no estaban listos para el ajetreo de una gran ciudad.

Siempre es así, la verdad es que cada vez que regreso de alguna expedición o algún viaje de varios días de naturaleza, me cuesta mucho volver a la ciudad, incluso a veces, hasta gripa me da.

Quizás nuestro cuerpo se niega a volver al estrés de la ciudad y  encuentra la manera de expresarlo.

Sin embargo, poco a poco nos vamos acostumbrando y deja de ser tan difícil adaptarnos.

Lo que trato de hacer cada vez, es traer esa calma conmigo a la ciudad, traer esa paz y esa conexión que viví con la tierra, conmigo y transmitirla a los demás. E eso es lo que trataba de hacer mientras nos íbamos adentrando las calles de la ciudad.

Antes de terminar el día, fuimos al mirador de Twin Peaks, desde donde es posible ver toda la ciudad a lo lejos.

Era una noche fría, se escuchaba el eco de la ciudad que brillaba a lo lejos.

Yo no podía dejar de sonreír y dar gracias por todos los momentos vividos, me sentía completamente agradecida de haber llegado con bien a nuestro destino final, sabiendo que al día siguiente tomaría mi vuelo de regreso a casa.

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