Blog de Marcela González

Marcela González
Me inspira conocer y explorar el mundo, contar historias que hablen de la relación entre la naturaleza y el ser humano, entre el arte y la aventura. En mis redes sociales, cuento con más de 10,000 seguidores y marcas como Innovasport, The North Face México, Hoka One One, entre otras, me han elegido como Influencer para promover sus productos a través de mis fotografías y mi blog de Aventura.

90 kms en Las Barrancas del Cobre

por Dic 18, 2017Aventuras, Para Widget6 Comentarios

Ya caminamos 16 horas, ¿Qué son 20 minutos más?

Queríamos conocer más allá de las Barrancas del Cobre, más allá de las atracciones turísticas, adentrarnos totalmente en los cañones y ríos del paisaje, vivir aunque fuera por unos días sumergidos en la magia de lo que contemplan los rarámuris en su día a día. Caminamos más de 90 kilómetros, cruzando desde Cusárare hasta Divisadero.

No tengo palabras, solo sentimientos. Mi boca no puede expresar lo que fue, nadie más puede sentirlo, ni apreciarlo. Ni gozarlo, ni llorarlo. Solo yo, y nadie más. Es difícil.

Mi mente, mi espíritu y mi corazón siguen sumergidos en el cañón de las Barrancas, en lo más profundo de las aguas del cañón y en los puntos más altos de aquellas planicies eternas.

Esos ascensos nocturnos donde nos perdíamos entre las estrellas, donde la luna creciente apenas iluminaba el camino que se perdía entre los árboles y las ramas atravesadas, porque nadie pisa ahí, apenas uno o dos rarámuris que cruza una vez al mes. Caminos sin recorrer, que nos invitaban a cruzar de noche, de día, nos perdimos varias veces. Mis compañeros y yo buscábamos las huellas, no existían, solo debíamos subir, subir, subir. Caían rocas que casi podían quitarnos la vida en un segundo, pero la presencia divina nos protegía cada instante.

Día 1. Miércoles 25 de octubre – Basaseachi

Nos trasladamos alrededor de unas 4 horas para llegar a la cascada de Basaseachi, que alcanza los 250 mts. de altura. Una experiencia realmente increíble, presenciar aquel paraíso donde está enclavada la cascada nos sirvió a todos para conectar nuestros corazones con la aventura que nos esperaba y con la naturaleza… La cascada no llevaba mucha agua, así que ya tenemos una razón para volver! Pero de todas formas nos cautivó a todos con su belleza imponente.

Barrancas del Cobre-295

Nos volvimos a subir a la camioneta y nos trasladamos a Cusárare, pasando por el lago Arareko, donde hicimos una parada para tomar fotos. Llegamos a Cusarare cerca de las 7:00 pm, ya estaba atardeciendo. Alistamos nuestras mochilas, nos pusimos nuestras lámparas de cabeza, nos despedimos del chofer y comenzamos a caminar, unos 3 kms. hasta llegar a la cascada de Cusárare.

Por cuestiones de seguridad, privacidad, estar cerca del agua, y adelantarnos un poco, decidimos acampar abajo. Preparamos el campamento, entre los frondosos árboles, casi a un lado de donde cae la cascada, cenamos y nos dormimos. La emoción que teníamos de que apenas empezaba la aventura era indescriptible, sabíamos que lo bueno apenas comenzaba, así que nos dimos el gusto de cenar y desayunar bien y levantarnos tarde al día siguiente, una decisión equivocada que lamentamos al día siguiente.

Barrancas del Cobre-593

Día 2. Jueves 26, Aguas termales y dormir arriba de una barranca

Nos despertamos tarde, cerca de las 9 am. También nos tomamos el tiempo en cambiarnos, desayunar y quitar el campamento con calma. Desayunamos junto a la fogata. Empezamos a caminar, llevábamos apenas unos 30 metros por el río cruzando de lado y lado entre piedras gigantes y notamos que no íbamos a poder avanzar sin encontrar el inicio de la ruta, queríamos dirigirnos hacia Basirecota, una pequeñísima aldea del otro lado del cañón, situada en Guachochi.

Así que Nasser, uno de los integrantes del grupo, se regresó al punto turístico de la cascada para preguntar si alguien conocía ese camino para que nos diera alguna indicación, no podía comunicarse con la gente, nadie hablaba español, así que mientras nosotros lo esperábamos junto al río, llegó Arturo, un indígena que se acercó con nosotros, él solía guiar grupos de extranjeros por el cañón pero nos dijo que no podía apoyarnos esta vez, ya que estaba trabajando.

¿Te gusta recorrer México y sus hermoso lugares? No te pierdas mi Aventura en Matacanes, el cañon de México, donde te cuento todo lo que viví en ese hermoso lugar, ademas podrás ver las espectaculares fotografías que hice.

Nos mandó a un niño de unos 11 años, Manuel, le dijo a él por donde debía llevarnos y a nosotros que le dieramos una propina de 250$ pesos. Comenzamos a caminar siguiendo al pequeño Manuel y de pronto el camino ya se había perdido de nuevo, estábamos muy arriba del río en una pendiente muy pronunciada, nos costaba muchísimo caminar con las mochilas puestas.

Estuvimos esquivando árboles, ramas, rocas, subiendo y bajando , era una pista de obstáculos. Estuvimos así cerca de 2 horas. “¿Manuel, seguro que sabes a dónde nos dirigimos? -Si -¿Sabes si falta mucho? -Si ¿1 hora, 4 horas? -Si -¿Es por aquí? -Si -¿Podemos irnos por abajo? -¡Si!, era imposible comunicarnos con Manuel. Decidimos bajar de nuevo hacia el río, le dimos a Manuel una propina y decidimos buscar nosotros el sendero.

Barrancas del Cobre-643 manuelManuel

¡Claro! Justo al otro lado del río había una ruta muy bien marcada, cruzamos y seguimos, ahora a un paso más rápido, a unos 3 kms. por hora. Íbamos cruzando el río de lado a lado, podíamos apreciar todo el cañón. Primera parada: revisar el mapa, comer algo y rellenar termos de agua, había que filtrarla porque la obteníamos del río.

Barrancas del Cobre-710 Rio

Ya llevábamos alrededor de unas 6 horas caminando. Seguimos y seguimos, en busca de las aguas termales que nos habían platicado que estaban a 7 kms por ahí escondidas. “HOT SPRINGS!!!” gritaron Pato y Gus, quienes iban a mero adelante, habían encontrado las aguas termales! a la orilla del río salía humo y las aguas estaban hirviendo, realmente calientes.

Unos 500 metros más adelante encontramos una pileta de unos 2 x 2 metros de concreto y piedra de río que se alimentaba por agua termal, el agua estaba muy caliente, más de 45 grados centígrados.

Llegamos a la pileta solitaria por las 18:30 horas, nos metimos y descansamos las piernas, la espalda, los brazos, el cuello, ¡todo! Aquí era la zona de Basirecota, era literalmente un jacuzzi enclavado junto al río en las profundidades del cañón.

Ya se estaba haciendo tarde tarde, empezaba a oscurecer y no llevábamos ni la mitad de la ruta planeada para ese día y aparte habíamos caminado 15 kms. en lugar de 7, por tantas vueltas que dimos perdidos. Comenzaba a hacer frío, nos ganaba la tentación de acampar ahí, junto a las termales, era el lugar perfecto.

Barrancas del Cobre-870

Decidimos seguir, nos esperaban mil metros verticales, había que subir la barranca que separa el cañón de Cusárare y el cañon de Terarecua, rellenamos nuestros botes y camelbacks y seguimos, el camino casi no estaba marcado. Eventualmente llegamos a un punto donde no sabíamos por dónde ir.

Se perdió el camino y las mochilas de 20 kgs. hacían todo más complicado, empezamos a subir por donde nuestros pies pudieran pisar, entre hojas que hacían del camino muy resbaloso y rocas muy altas donde había que escalar un poco. Entonces topamos con una pared de 100 mts. verticales.

Agustín y Pato nos dejaron sus mochilas y comenzaron a subir para buscar la manera de llegar a mero arriba, había un chorreadero de piedras entre la pared, era la única salida. Después de media hora lograron llegar a la planicie, subimos todos. Realmente nuestros cuerpos estaban al límite, ya llevábamos 12 horas caminando, encontramos un buen espacio para acampar dentro de un cercado y ahí armamos las tiendas. Esta aventura siempre me hace recordar los recorridos majestuosos que tenemos en el Cerro la Silla y esos hermosos picos. La ruta del Cerro la Silla me llena de nostalgia por ser esa mi ciudad, Monterrey, como te amo.

Encontramos leña, hicimos una fogata y nos calentamos la cena mientras escuchábamos la canción de “Lost Stars” de Maroon five, así nos sentíamos, como estrellas perdidas en el espacio, brillando entre oscuridad y la penumbra de la noche.

Cenamos y luego compartimos unas tortillas con unas gloria dentro, que Nasser había llevado, fueron el hit para todos, el postre maravilloso de toda la expedición.

Barrancas del Cobre-983

Miles de estrellas fugaces, “Makambo” -Geoffrey Oryema y “Devi Prayer” -Craig Pruess & Ananda, las dos canciones que escuchábamos mientras contemplabamos aquel cielo tan hermoso, junto a la fogata, parecía que estuviéramos en otro mundo, donde el tiempo no existe y todo es eterno, me sentía muy agradecida por aquel momento. Después de 14 horas caminando, 27 km, y 1,000 metros de incremento de altura, el día había terminado.

Día 3. Viernes 27 -El dia que nos faltó agua. 23 km en 10 horas caminando, 1,600 metros de incremento de altura. Llegamos a Sitagochi.

Al día siguiente hablé con mi novio y con con mis papás para avisarles que estaba viva. Arrancamos a las 10:00hrs, nos percatamos de que estábamos junto a una aldea de Rarámuris, pequeñas casitas de madera de unos 3×3 metros, ellos viven ahí en estos días cuando aún no llega el frío, y en invierno se mudan cerca del río, haciendo sus casas en los acantilados de las pendientes entre las barrancas.

A las 12:00 hrs. del día, ya nos quedaba a todos menos de un litro de agua, ya que no habíamos podido rellenar desde el día anterior, en la última parada junto al río. Estábamos siguiendo la ruta trazada con Google earth, continuamos caminando.

Ahora el paisaje eran las montañas hacia abajo en el horizonte y un cielo azul a nuestros costados, todo brillaba, el sol era potente y muy pesado, por un buen rato (6 horas) no existiría la posibilidad de conseguir agua hasta después de cruzar 17 kilómetros y bajar hacia el rancho de Sitagochi, teníamos sed, nos atrevimos a cortar hojas de un maguey para absorber un poco del agua que almacenan.

Barrancas del Cobre-1366

Seguimos caminando un rato más y paramos a comer, sin apetito por tanta sed, ingerimos algo que tuviera agua, como atún. Continuamos el camino, había que seguir subiendo, estábamos exhaustos, yo seguía un poco enferma de gripa.

Todo el tiempo tuve mil mocos, más que nunca. En fin, llegamos a donde el camino comenzaba a descender y nos topamos con otra aldea de rarámuris, donde pedimos 5 litros de agua para todos, a cambio de 100 pesos. Se acabaron en segundos. Seguimos caminando, ya casi llegábamos a la Mesa de Sitagochi, un rancho donde habitan no más de 30 rarámuris.

Mesa de SitagochiMesa de Sitagochi

Barrancas del Cobre-1679 locales de SitagochiLocales de Sitagochi

Un manzano, nos habíamos topado con el árbol de manzanas más ricas y jugosas que había probado en mi vida, todos nos comimos como dos o tres manzanas, solo logramos saciar la sed por unos minutos.

Entonces nos encontramos a Don Arnulfo, quien nos indicó que podríamos acampar cerca de donde él vivía, encontramos el punto perfecto para acampar ahí cerca, junto a un pozo de agua, claro que la tuvimos que filtrar antes de beber, aunque Anabella y yo, sin darnos cuenta de su oscurísimo color, nos tomamos un termo lleno de agua sin filtrar, no podíamos más, nos supo deliciosa.

Barrancas del Cobre-1710

Quedamos en que Don Arnulfo nos traería un burrito al día siguiente para ayudarnos a cargar las mochilas, también nos había dicho que vendrían dos jóvenes más para guiarnos, supuestamente a las 6:00 de la mañana estarían por nosotros ya que ellos despertaban desde las 4:00am. Cenamos, recuerdo haberme quemado la lengua fuertemente con mi plato de quinoa en agua hirviendo. Dormimos. A las 6:00 am estábamos listos, desayunados y con el campamento recogido, 6:20, 6:40… No llegaba nadie por nosotros, todo seguía oscuro y teníamos muchísimo frío, estábamos a unos dos grados bajo cero.

Entonces van Nasser y Berny a buscar a Don Arnulfo, a quien encontraron parado junto a su casa, haciendo nada, tuvieron que acompañarlo a buscar a los otros guías y al burro, ya que él no tenía nada listo… “Aquí no hay burros, solo este pero está muy viejito, y se cae” ¡Tenía que ser broma! Por fin, después de una hora y media ya teníamos burrito y guías rarámuris, el resto del grupo nos habíamos quedado cuidando el campamento, teniendo que hacer ejercicios y estiramientos para entrar en calor ya que nos estábamos congelando.

Comienzan a salir los primeros rayos del sol, muy a lo lejos veíamos la antena que marcaba donde está Divisadero, era un camino que los rarámuris recorren en tres días y nosotros debíamos hacerlo ¡tan solo en un día! Era increíblemente lejos aquella antena que veíamos sobre una de las barrancas.

Barrancas del Cobre-1804

¡Arre! Montamos las mochilas en el burrito y comenzamos a descender para llegar al río. Vimos a una familia que vivía en su casita de piedra, junto a su cultivo de frijol y maíz descansando bajo aquellas formaciones de rocas tan extraña en la cima de la barranca, vaya paisaje en el que viven.

Barrancas del Cobre-1863

Llegamos al río San Ignacio, nos encontrábamos al pie del cañón Terarecua, era un lugar muy cómodo para descansar ya que el suelo era arenoso y suave y estaba cubierto de sombra de los árboles, lo único es que debíamos tener cuidado de los escorpiones que hay en ese lugar.

Barrancas del Cobre-2135 Don Arnulfo y JuanDon Arnulfo y Juan

Nos refrescamos 20 minutos y arrancamos de nuevo, ahora el burrito debía regresar, así que los rarámuris, Arnulfo y Juan, nos ayudaron con las mochilas a las niñas, realmente iba a ser imposible llegar hasta Divisadero si las cargábamos nosotras todo el día. Subimos, con una vista hermosa a nuestras espaldas, y como a las dos horas llegamos a un punto donde caía agua de un manantial que goteaba desde una roca enorme y rellenamos nuestros termos, comimos algo, y continuamos.

Gradualmente comenzamos a bajar, con unas vistas preciosas, rodeados de un paisaje que apenas creíamos real, salieron las lágrimas, Anabella, mi prima, me dijo que ahora entendía porque a pesar del sufrimiento, yo iba a aquellos lugares todo el tiempo, comenzaba a entender que la belleza y la satisfacción es más grande que los momentos duros. De las mejores vistas que he presenciado en mi vida, me sentía diminuta.

Sentía el cálido viento que venía desde kilómetros y kilómetros de distancia por todo el cañón, acariciaba mi pelo y me refrescaba, me volví uno con el cañón. Todo había valido la pena. No queríamos irnos jamás, teníamos ganas de quedarnos atrapados ahí para siempre. Las fotos que tomé jamás describirán la verdadera esencia de aquel lugar, y sé que muy pocos han podido cruzar y ver aquello tan hermoso. Realmente fuimos muy afortunados.

Barrancas del Cobre-2501

Entonces llegamos a una mina de cuarzos, ahí descansamos un poco y vimos los cristales que aún restan fuera de la mina, era posible ver las distintas gamas de colores del arcoíris dentro de ellos. Continuamos, había que seguir bajando, llegamos a otro río. Los guías querían dormir ahí, apenas eran como las 5:30 pm y aún teníamos luz del sol, nosotros seguíamos con pilas, pero ellos, no suelen caminar en las noches.

Headlamps, les prestamos nuestras lámparas de cabeza, enseñándoles cómo se usaban y convenciendolos de era posible ver bien el camino con la luz de las lámparas. Se animaron a seguir y al cabo de unas dos horas llegamos a una planicie un poco inclinada, donde los guías dijeron que habría que dormir, que ya no podíamos seguir porque cruzar por el pueblo que seguía era inseguro, que a los nativos no les gustaba que los “indígenas” cruzaran por ahí, y que además ellos ya no tenían conocidos ni donde quedarse. Les pagamos, 2,400$ (800$ para c/u), nos despedimos, les dimos las gracias y seguimos nosotros el camino, realmente ya estábamos muy, muy cansados, pero aún así preferíamos llegar a dormir en hotel, no teníamos energías para montar la carpa, sobretodo los hombres, que ellos venían cargando las mochilas todo el día y, además, tampoco teníamos suficiente agua para pasar la noche y el resto del día siguiente. Seguimos.

De nuevo buscando el camino, perdíamos tiempo, Paola comenzó a sentirse mal y quería vomitar, Anabella tampoco podía más, le dolían bastante sus rodillas. Creímos que quizás en la planicie que alcanzaríamos arriba podríamos acampar, definitivamente fue imposible, sabíamos que era un lugar muy inseguro y no nos sentíamos nada cómodos entre las casas de la gente que ahí vivía.

Teníamos miedo y habíamos escuchado cosas muy extrañas mientras cruzábamos por esta zona. Teníamos que cruzar con las lámparas de cabeza apagadas, sin hacer uso de los bastones y pisando con el mayor cuidado entre las piedras y el pasto para hacer el menor ruido posible, tampoco podíamos hablar. No queríamos despertar a los locales ni a los perros que ya habían empezado a ladrar. Llegamos por fin a un camino de terracería para coches, nos esperaban 45 minutos más de camino para llegar al hotel que teníamos en mente.

Entonces vimos unas luces a lo lejos, enormes, ¡era el hotel!. Caminamos sacando nuestras últimas fuerzas, entonces Paola empezó a reconocer el terreno porque ella ya había estado ahí, era la zona turística, nos dijo “¡Hey, aquí ya conozco! Ése es el hotel, aquí ya solo hay gente buena, ya nada malo puede pasar”.

Entonces nos adentramos poco a poco en el hotel, entrando como por la parte de atrás, cruzando entre los cuartos hasta llegar a recepción, no había nadie. “¿Hola?” dijimos todos, entonces salió el recepcionista, “disculpen, ¡son excursionistas! es que me había asustado, ¿cómo pueden exponerse así tan noche muchachos? Está muy peligroso ahí afuera”, nos dijo.

Luego, muy amablemente nos regaló botellas de agua y nos dió refresco a todos. No tenía lugar en su hotel, pero podíamos quedarnos en las cabañas de su amigo que estaban a cinco minutos en carro. Llamó a su amigo para que viniera por nosotros, le dijo que nos veíamos personas “decentes”, que tuviera la confianza de venir a recogernos, él había sido excursionista y estaba muy intrigado con nuestra historia, nosotros apenas podíamos contarlo, Gus comenzó a platicarle desde dónde veníamos, pero lo contaba todo mal, en realidad, ya no teníamos noción del tiempo y estábamos tan cansados que teníamos lagunas de todo lo que habíamos vivido, nos reímos.

Nos llevaron a las cabañas, nos dijo el señor que en la mañana podíamos desayunar chilaquiles con huevo o gorditas, ya queríamos que amaneciera solo para comer aquello que tanto anhelábamos.

Nuestra comida ya casi se había terminado toda, mis amigos cenaron un poco en la cabaña, yo nada, era más mi cansancio que mi apetito. Nos dimos un delicioso baño con agua caliente, primero las niñas, (siempre estaré agradecida con ellos por dejarnos bañarnos primero).

Recuerdo que a Pato le dolía la cabeza, pero no quería tomarse nada, igual a Pao, yo si quise tomarme dos aspirinas para amanecer mejor, igual Anabella, se puso una rodillera que le prestó Gus, ella ya no aguantaba su rodilla, ya había soltado unas cuantas lágrimas por el dolor. Por fin dormimos, el baño nos había relajado a todos.

A la mañana siguiente nos despertamos y muy felizmente nos fuimos a desayunar esos chilaquiles con huevo, yo fui al baño de la casita de al lado, donde había una señora con sus dos hijas y me dejaron utilizar su baño, yo venía aguantándome desde el día anterior, pero no podía ir en la cabaña con todos los niños.

Antes del desayuno hablé por teléfono con mi mamá y le platiqué un poco la noche que habíamos pasado, luego volvimos a la cabaña, mis tennis yo los había dejado afuera para que se orearan, mis botas La Sportiva, que tanto me gustan y he vivido muchas cosas con ellas (han sido mis approaching boots de Aconcagua y las montañas de Bolivia), tienen un gran valor sentimental, no las encontraba, ¡los perros callejeros se las habían llevado. Gracias a Dios a los 10 minutos aparecieron, todos me habían ayudado a buscarlas (¡Gracias amigos!).

Finalmente, estuvimos un rato en el mercado, comimos gorditas de flor de maguey deliciosas y compramos souvenirs. Esperamos el Chepe y a las 2:30 pm ya estábamos arriba, felices, agradecidos y sin creer que ya íbamos de regreso a la ciudad de Chihuahua.

Barrancas del Cobre-3063

El Chepe también fue todo una aventura, nos volvimos locos tomando fotos de los paisajes, que claramente no se acercaban para nada a lo que ya habíamos tenido la suerte de ver, sumergidos en aquellos cañones de las verdaderas Barrancas del Cobre, aquellas que muy pocos han recorrido sus senderos, sus ríos, sus laderas.

Barrancas del Cobre-3923

Aún así lo disfrutamos, platicamos mucho y nos íbamos acordando de todas las aventuras que habíamos vivido durante esos tres días. Llegamos a la ciudad de Chihuahua, dormimos en un hotel cerca del aeropuerto y al día siguiente partimos cada quien a su respectiva ciudad. Siempre quedará el recuerdo de nuestra aventura en nuestros corazones.

Barrancas del Cobre-2217El equipo completo

Datos de la Aventura:

  • Ruta: Cusárare —–> Divisadero ——–> Regreso a Chihuahua en CHEPE
  • Kilómetros recorridos: 90
  • Desnivel: 4,000 mts.
  • Horas caminando: 42 hrs.
  • Peso portado: 20 kgs. por persona
  • Equipo: 7 aventureros
  • 5 aldeas
  • 3 días
  • 3 barrancas
  • 1 ruta inexplorada

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